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del exorcismo de la madre Jeanne des Anges, una de las
monjas de Loudun que hablaba en lenguas cuando fue «hechizada»
por su capellán, Urbain Grandier. |
El hablar en lenguas
-especialmente en la lengua de los fantasmas, antepasados, espíritus,
dioses y animales totémicos- todavía figura en el repertorio de
los shamanes y hechiceros en las sociedades primitivas de todo el
mundo. De hecho, no hay otra técnica de comunicación sobrenatural
que esté más extendida.
En el caso de los espíritus africanos «Zar», que en tribus
dominadas por los hombres causan a algunas mujeres enfermedades
psicosomáticas, se adivina un cierto sentido de justicia poética.
La víctima de la «posesión», efectivamente, es, siempre una
mujer, y el «intérprete» -o exorcista- es también otra mujer. La
exorcista se dirige al espíritu Zar en su propio lenguaje esotérico,
que no puede ser comprendido sin su intervención. El Zar solicita
espléndidas ropas, perfumes y otros artículos de lujo a través de
los labios de sus víctimas; por un precio módico, la exorcista
interpreta estas peticiones para que el marido sepa de qué se
trata. La mujer enferma llegará a reponerse si las demandas del espíritu
se cumplen.
La posición que ocupan los shamanes en sus sociedades corresponde más
o menos a la de los sacerdotes y los antiguos santos en el mundo
cristiano. Desde finales del siglo I d.C., un cristiano corriente
que hablara en «lenguas» habría sido exorcizado en el mejor de
los casos, o ejecutado en el peor de ellos, por «traficar con el
demonio». Pero también algunos santos fueron conspicuos
glosolalistas: San Pacomio, abad egipcio, afirmaba que
hablaba con los ángeles, y escribía en un alfabeto místico
comprensible sólo para aquellos que se hallaban en un estado de
gracia especial y bendecidos de la misma forma que él. La alemana Santa
Hildegard (1098-1179) hablaba y escribía -con un alfabeto
desconocido- un lenguaje extraño que tradujo al alemán. Muestras
de él se conservaron, publicaron y analizaron, llegándose
finalmente a calificar de revoltijo de alemán latín y hebreo
mutilado.
Glosolalia y Marginación
La glosolalia estuvo de
moda después de la Reforma -aunque ni Lutero ni Calvino la
incluyeron en sus doctrinas. Al parecer, el hablar en lenguas era
frecuentemente una expresión de tensión. Por ejemplo, la violenta
controversia entre jesuitas y jansenistas, que duró casi 80 años,
provocó la aparición de glosolalistas entre estos últimos.
Coincidiendo con esto, en aquel período ocurrieron extraordinarios
incidentes entre los camisards, franceses protestantes que vivían
en las montañas de las Cévennes. Cuando su libertad de culto fue
revocada en 1685 y se intentó imponerles la fe católica, se
sublevaron. Tres mil de ellos resistieron frente a las tropas monárquicas
(unos 60.000 hombres), hasta que finalmente sucumbieron en 1705. La
enorme tensión que afectaba a estas comunidades guerrilleras,
continuamente acosadas y sujetas a tremendas atrocidades una vez
capturadas, dio lugar a sucesos paranormales, incluyendo estallidos
de xenolalia. Miles de «pequeños profetas de las Cévennes», niños
de 15 meses en adelante, predicaban interminables sermones en un
francés excelente, lengua bastante diferente de su propio dialecto
holandés.
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Las danzas
rituales de los shakers a menudo daban lugar al fenómeno
del don de lenguas, que ellos consideraban como un signo de
gracia.
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Algunos camisards emigraron
a Inglaterra. Tuvieron influencia sobre los «Entusiastas»
ingleses, tal como eran llamados por entonces los Cristianos Carismáticos.
Dos generaciones más tarde, Ann Lee, fundadora de la
Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo (los
«shakers»), hablaba en lenguas. Al ser examinada por cuatro
eruditos sacerdotes anglicanos, se dirigió a ellos en varias
lenguas aparentemente identificables. Acobardados, sin duda, por los
conocimientos de que hacía gala Ann Lee, aconsejaron que se la
dejara en paz; pero la persecución la obligó a emigrar a América.
En las comunidades de shakers, las danzas rituales, que constituían
la principal manifestación de culto, desembocaban a menudo en
estallidos de glosolalia. Algo parecido sucedió con los mormones
(la Iglesia de Jesucristo de los Santos Modernos): su mismo
fundador, Joseph Smith (1805-1844), era glosolalista, y sus
artículos de fe afirmaban: «Creemos en el don de las lenguas...
(y) en la interpretación de las lenguas.» En una ocasión, un
glosolalista mormón pronunció toda una disertación sobre la caza
en la lengua de los indios choctaw. Fue inmediatamente interpretada
como un relato florido de las glorias que habría de traer consigo
la terminación del templo mormón de Salt Lake City. Los mormones
modernos consideran el don de lenguas como un fenómeno real, pero
de limitado valor espiritual, y es comprensible que la desaprueben.
A partir de 1830, no pasó un año sin que alguien hablara en
lenguas en algún lugar de la Iglesia Cristiana. En Escandinavia, en
los años 1840, se declararon epidemias del llamado «mal del sermón»
-«entusiasmo» histérico durante el culto- que incluía la
glosolalia. En los años 1850 el gran resurgimiento en la Iglesia
Ortodoxa rusa en Armenia dio lugar a una expansión del don de
lenguas en aquella zona hasta los años 1900. A finales del siglo se
produjeron accesos de glosolalia en sectas del movimiento Carismático
pertenecientes a lugares tan apartados entre sí como Carolina del
Norte y Estonia.
Una Señal Del Espíritu
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Aimée
Semple McPherson en el escenario del templo del Angelus (Los
Ángeles), cuartel general de la Iglesia Intemacional del
Verdadero Evangelio.
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La moda, extendida por todo
el mundo, de hablar en lenguas influyó en un grupo de 40
estudiantes de la escuela de Bethel, en Topeka (Kansas, Estados
Unidos). Decidieron unánimemente que «lo que les faltaba» en su
expepencia cristiana era el bautismo del Espíritu Santo, cuya señal
era el don de lenguas. El 31 de diciembre de 1900, un pastor, C.
F. Parham, impuso las manos a un estudiante, el cual empezó a
emitir un torrente de sílabas ininteligibles. Otros treinta
siguieron su ejemplo en días sucesivos. Esto marcó el inicio del
moderno Pentecostalismo.
Efectivamente, el hecho de hablar en lenguas tiene un lugar señalado
en el culto Pentecostalista, pero igualmente importante es el don de
la interpretación de lenguas: un fiel comienza a hablar en un
idioma que nadie conoce, e instantáneamente otro fiel se pone a
traducirlo, aunque tampoco conozca la lengua. Si bien este fenómeno
es poco frecuente, no deja por ello de ser extraordinario.
Un pentecostalista, Axel Blomquist, relata la siguiente
experiencia:
«Recibimos la visita de un misionero de la India que nos acompañó
a visitar a una familia con la que oramos. Al orar vino el Espíritu
Santo sobre mí y empecé a hablar un idioma que nunca había
conocido ni hablado antes. Al terminar la oración, conmovido, el
misionero dijo: «Esto es algo extraordinario, el hermano Axel acaba
de hablar precisamente en el idioma que estamos usando donde yo
estoy sirviendo a Dios en la India. Ha sido un mensaje de consuelo y
aliento para alguna persona que debe estar agobiada y triste. Un
mensaje de perdón y restauración. He observado especialmente cómo
el hermano repetía la expresión "oh mujer", fórmula de
respeto que se utiliza en la India para hablar a las damas nobles.»
Esta y muchas otras experiencias espectaculares de este tipo son
frecuentes en las iglesias pentecostalistas.
De hecho, algunas de estas actividades se hicieron famosas -o
escandalosas- entre las dos guerras mundiales. En América se fundó
en 1921 la Iglesia Internacional del Verdadero Evangelio, encabezada
por Aimée Semple McPherson, cuyo cuartel general se hallaba
en su templo de Hollywood. Ciertamente, competía con la propia meca
del cine por el atractivo de su presentación del evangelio y la
belleza de su coro de «ángeles». En Inglaterra, George
Jeffreys llenó el Albert Hall todos los domingos de Pascua
desde 1926 hasta 1939 con miembros del Verdadero Evangelio de Elim.
Aunque el énfasis sobre el don de lenguas ha disminuido un tanto,
todos los pentecostalistas del mundo -que suman unos 20 millones
creen que existe y que es una señal de la presencia del Espíritu
Santo. Actualmente, la mayor de las comunidades pentecostalistas,
las Asambleas de Dios, poseen congregaciones en casi todos los países,
entre ellos España.
Varios miembros de la Iglesia Pentecostalista de Barcelona afirman
actualmente haber recibido «el bautismo del Espíritu Santo», y
haber hablado en lenguas. Sin embargo, según ellos, éste no es el
único don del Espíritu Santo. Apoyándose en las palabras de San
Pablo (I-Cor XII-4,11), declaran que «hay diversidad de dones, pero
el Espíritu es el mismo». Los otros dones son la sabiduría, la
ciencia, la fe, el don de sanar, la profecía, los milagros y la
interpretación de lenguas desconocidas. Uno de los miembros de esta
Iglesia, E.H.B., de 24 años de edad, declaraba en 1981 que antes de
su conversión «el hastío y el vacío eran su pan de cada día» y
que «a los 23 años era un hombre acabado y sin ganas de vivir, que
creía haber llegado al fin de su camino». Después de haber vivido
una vida bohemia, de haber militado en un partido, de haber pasado
por la cárcel y por las drogas, conoció el Pentecostalismo, que
contribuyó a cambiar su vida.
¿Espíritu Santo o Espíritus?
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La
estigmatizada bávara Teresa Neumann revivió, en Semana
Santa de 1926, la pasión de Cristo, y rompió a hablar, al
parecer con toda exactitud, en arameo. Se dijo entonces que
se había puesto en comunicación mediúmnica con algún
testigo presencial de la crucifixión.
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El don de lenguas continuó
manifestándose también en otros contextos cristianos. Fue uno de
los signos que afectaron a una famosa estigmatizada, Teresa
Neumann, que vivió toda su vida en Baviera. El Viernes Santo de
1926 aparecieron estigmas sobre su cuerpo, y pareció revivir la
pasión de Cristo, emitiendo palabras y frases en arameo (algunas de
ellas correspondían, al parecer, con toda exactitud a las palabras
pronunciadas por Cristo en la Cruz). Algunos observadores creyeron
que estaba en comunicación mediúmnica con algún testigo contemporáneo
de la crucifixión de Cristo.
Esto enlaza la glosolalia con el mundo del espiritismo. A medida que
el espiritismo se desarrollaba durante el siglo pasado, se hacían más
frecuentes los estallidos del don de lenguas en médiums. Algunos de
estos afirmaban que los espíritus hablaban a través de ellos en
lenguas desconocidas para los propios médiums y para todos los
presentes, excepto para aquellos a quienes se dirigían los
mensajes. Algunas veces ninguno de los asistentes entendía lo que
se decía hasta que se pedía la colaboración de un lingüista.
Otros médiums eran especialistas en la «voz directa»: palabras
del espíritu emanadas del aire que les rodeaba, incluso mientras
los médiums estaban conversando con los presentes. Algunos eran
también «clarioyentes»: «oían» voces que a menudo hablaban en
lenguas que no comprendían, y repetían las palabras lo mejor que
podían.
Un caso típico fue el de una médium inglesa conocida como Rosemary,
que en los años treinta empezó a revelar recuerdos de antiguas
encarnaciones, las más importantes de las cuales pertenecía al
antiguo Egipto. Un egiptólogo, Howard Hulme, la examinó. Rosemary
«oyó» palabras en lengua egipcia, y más tarde Nona, el espíritu
de una egipcia que había conocido en su vida anterior, habló a
través de ella. Se hicieron grabaciones de algunas de aquellas
sesiones. Una vez, durante casi dos horas, Nona contestó las
preguntas que Hulme había preparado: en aquella sesión emitía
sonidos que parecían ser aspiraciones guturales, consonantes extrañas
y construcciones peculiares de una lengua que murió hace 3.000 años.
Desgraciadamente, nadie sabe en la actualidad cómo se pronunciaba
la antigua lengua egipcia. Un grupo de expertos, tras haber
analizado las frases pronunciadas por Rosemary, emitió un juicio
ambiguo.
A pesar del interés que el don de lenguas ha despertado durante
cientos de años, su interpretación permanece todavía abierta.
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La médium
británica «Rosemary», una xenolalista del siglo XX,
hablaba en egipcio antiguo durante agunas sesiones de
espiritismo.
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Lo cierto es que muchos
casos han recibido explicación. Cuando las monjas ursulinas de
Loudun (Francia) fueron «poseídas» por el demonio en los años
1630, al parecer como consecuencia de un hechizo del que era
responsable su capellán, Urbain Grandier, empezaron a
balbucear en «lenguas»: se afirmó que hablaban en latín, griego,
español, italiano, turco e incluso en la lengua de los pieles
rojas. Actualmente se ha podido averiguar que las hermanas, en
realidad, padecían histeria, y gran parte de los modernos relatos
sobre las «posesiones» de Loudun les atribuyen una mera frustración
sexual.
Pero, en definitiva, la glosolalia ¿es el producto de niveles
subconscientes de la mente? ¿Poseemos todos en nuestro interior un
«santo» que habla «con la lengua de los ángeles»? ¿Acaso un médium
que habla en una lengua al parecer desconocida para él, está
recordando de hecho palabras vistas y oídas durante su vida, que
habían quedado almacenadas en el inconsciente? ¿O es la xenolalia
el resultado de una «lectura» en las mentes de los hablantes
nativos de la lengua que se está produciendo?
Las modernas investigaciones han contribuido poco a esclarecer estas
conjeturas. Tampoco pueden asegurar que los hablantes en lenguas están
directamente inspirados por Dios, o que están poseídos por los espíritus
de los muertos. Como ocurre siempre, tales explicaciones dependen de
la fe que cada uno haya depositado en ellas.
Mensajes De Marte
Uno de los casos más extraños
de glosolalia escrita es el sucedido a la médium suiza «Hélene
Smith» (pseudónimo de Catherine Elise Müller,
1861-1929). Ella afirmaba que abandonaba su cuerpo y visitaba seres
del planeta Marte que le enseñaban la lengua marciana, que ella
hablaba y escribía (a la derecha). Además, en algunos de sus
trances hablaba en indostaní.
El profesor Theodor Flournoy. de la universidad de Ginebra, examinó
el fenómeno. El indostaní resultó ser auténtico, pero el «marciano»
poseía una sintaxis casi totalmente similar al francés materno de
Hélene. El profesor definió su indescifrable vocabulario como un
producto del subconsciente de la médium, que en aquel caso se
revelaba extraordinariamente brillante y creativo. Por otra parte,
actualmente se sabe que no hay señales de vida en Marte, y no hay
noticias de que nadie hable ningún lenguaje «marciano».
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