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Prefacio introductorio necesario

 

Puedes Utilizar el Poder de Tu Mente para Crear la Vida que Deseas

¿Alguna vez te has sentido frenado o perdido en patrones que parecen dominar tu vida y tus relaciones y sabotean tu paz mental, tu felicidad y hasta tu carrera?

Entiende esto: Todo cambio duradero ocurre a nivel del auto-concepto y del subconciente.

A menos de que abordes tus patrones de pensamiento, emocionales y de comportamiento provenientes de tu subconciente y de tu auto-concepto, estarás a su merced durante toda tu vida. Los sentimientos enterrados nunca mueren.

Si te encuentras en la etapa de tu videa en la que has decidido que no tienes más tiempo que perder, has encontrado “la respuesta” a lo que muchos se refieren como “el secreto” de tu éxito personal.

Las estrategias, tácticas y tecnología de condicionamiento de la actitud mental que te brinda EmpowerMax Performance Coaching Systems son tu respuesta al cambio de paradigma que has estado buscando.

Hay algunos pasos a seguir para obtener las herramientas adecuadas para efectuar el cambio duradero. Así es – CAMBIO DURADERO.

No más motivación sin continuación. Se acabó el sentirse como un millón de dólares por una semana para luego hacer regresión a los viejos sentimientos de duda, temor, preocupación y desamparo. Es hora de afirmar tus poderes latentes internos y tomar el control de tus mecanismos automáticos del éxito.

Recuerda que los cambios no te suceden A TI sino que vienen DE ti. Para cambiar lo externo, primero tienes que cambiar lo interno. Toma las riendas de ese activo tan grande que es el poder de tu mente para borrar el desorden del pasado y darle más brillo a las posibilidades de tu futuro.

 

¿ Como obtuviste tus valores ?

Durante toda tu vida habrás recolectado valores en tu vida, desde el día en que naciste, y algunos de ellos aún perduran en tu etapa de adulto.

¿Cuales son estos valores? ¿Como los obtuviste? ¿Qué influencia tienen actualmente sobre tu persona?

Los valores heredados son posiblemente los más comunes.

De niño, fuiste influenciado por lo que era importante paratus padres, hermanos, parientes, maestros y líderes de grupos. Luego, te habrás vuelto más selectivo, adaptando los valores de tus héroes escogidos del mundo de los deportes, de la moda, del cine, la música, la política, etc.

Para cuando te convertiste en adulto, tus valores ya eran parte importante de tus programas de adulto. Por ejemplo, si se te enseñó a que siempre debes terminar de comer la comida en tu plato, puedes estar comiendo más de lo que necesitas. Si tus padres eran muy estudiosos, puede que asignes un gran valor a obtener una educación formal.

Los valores compensatorios se forman cuando te inclinas hacia el extremo opuesto para compensar por algo que no te sucedió nunca. Por ejemplo, si sufriste de privaciones en tu niñez, puede que estés compensando estas privaciones dándole demasiadas cosas a tus hijos.

Tu propio juicio o la manera en la que percibes tus propias experiencias tendrá un impacto sobre el valor que pones sobre ellas. Si alguna vez has sido víctima de un robo o de un asalto, lo más probable es que le des mucha prioridad a los temas de seguridad, lo cual puede ser apropiado o no en algunas circunstancias.

Superficialmente, estos valores pueden parecerte inocentes o inocuos. Sin embargo, un análisis más profundo te haría sorprenderte del papel tan importante que juegan esos valores en la manera en que se desempeña tu vida.

Cuando reconoces un tono incómodo, una sensación de que no todo está bien, examina tus valores para determinar si lo que estás haciendo es en violación de algún valor que mantienes en lo profundo de tu alma.

Una parte significativa del entrenamiento personal involucra obtener y crear una jerarquía de tus valores. Un aspecto critico de esto es el mantener tus valores en alineación con tu misión personal para así mantener tus niveles de motivación.

La Práctica Mental  

Si quieres una vida más alegre, tienes que cambiar tu manera de pensar" - Oprah Winfrey

Oprah Winfrey da en el clavo en éste caso, ella sabe lo que se necesita, ¿no crees?

Yo lo haría, pero por otro lado yo soy el tipo de persona orientado hacia resultados.

Para cambiar tu forma de pensar necesitas práctica; mental en éste caso.

La práctica mental es el proceso de usar la creatividad de tu imaginación para seleccionar imágenes positivas para que tu cerebro se enfoque en ellas. Esto elimina imágenes falsas y destructivas de tu mente subconsciente.

Cada idea que tú has aprendido puede ser re evaluada y desafiada. Cada idea puede ser re-evaluada y aprendida nuevamente con un nuevo punto de vista que puede reemplazar la vieja basura.

Al enfocar tu imaginación en lo que tú quieres, tu mente consciente dirigirá a tu subconsciente a aceptar la nueva información. Tu subconsciente simplemente accederá y empezará a cumplir.
Puntos claves para recordar:

  • Cualquier cosa que tú puedas imaginar vívidamente es aceptada como verdad por tu subconsciente

  • Experiencias imaginarias son percibidas y actuadas como que fuesen reales

  • Tu comportamiento refleja lo que tú crees es una realidad

  • Tu comportamiento cambia en la dirección de tus creencias

La gente exitosa usa el proceso de visualización para asistirlos en sus metas. Al pasar tiempo cada día visualizando que ya cumplieron sus metas ellos guían a su subconsciente a aceptar esa imagen.

Crea un proceso para ti mismo. Sigue éstos lineamentos cuando lo hagas:

  • Elige todos los días la misma hora para tu práctica mental

  • Asegúrate que NO tengas interrupciones

  • Acepta todas las imágenes positivas como válidas y útiles

Estos pasos básicos en la práctica mental te llevarán lejos y te guiarán hacia la vida que deseas. Toma un vistazo a cómo has estado utilizando tu imaginación creativa y qué clase de práctica mental tienes.

Para tener y ser todo lo que tú puedes ser, la decisión es solamente tuya.

¡Lo mejor está por venir!

 

El Poder de Tu Imaginación    

"Muchos pasos en falso se hacen aún cuando uno está inmóvil." - Proverbio Chino

He aquí un recordatorio rápido de la importancia de darle forma a las cosas en tu mente para encontrarlas en tu vida.

La gimnasta olímpica Mary Lou Retton describía como ensayaba sus rutinas en su mente visualizando cada paso, cada salto y cada posición antes de que su cuerpo realizara estas acciones.

Arnold Schwarzenegger, campeón de físicoculturismo, estrella de cine y ahora gobernador del estado de California una vez dijo que levantar pesas era solamente un seguimiento a la visualización, siempre que la mente pueda visualizar el hecho de que puedes hacer algo.

Él dijo: "Yo me visualizo estando allí y habiendo logrado ya la meta."

Los pianistas de concierto frecuentemente ensayan en sus mentes cuando preparan una pieza para ser interpretada. Una vez que la han memorizado, pueden "tocarla" en su mente sin la ayuda del piano. Ellos visualizan el teclado, lo cual les permite ensayar en un aeropuerto o en la mesa de la cocina.

Por supuesto ninguna de estas personas exitosas logra sus metas solamente a través de la imaginación. Plasmar en imágenes mentales el resultado final solo amplía y profundiza la gama de objetivos a los que su mecanismo automatico de éxito puede apuntar.

Sin embargo, depende de ti hacer el trabajo necesario para lograrlo.

Libera el poder de tu imaginación. Visualizar resultados positivos puede indicarle a tu subconsciente en qué dirección debe ir para lograrlos.

Pero lo opuesto también es cierto.

Recuerda que tu subconsciente carece de sentido del humor. Para él, una imagen destructiva puede ser tan válida como una creativa.

"La imaginación creativa no es algo reservado a los poetas, inventores y filósofos. La imaginación fija la meta y la imagen sobre las cuales nuestro mecanismo automático de éxito opera. Actuamos o dejamos de actuar no por voluntad, como se cree comúnmente, sino por imaginación." - Dr. Maxwell Maltz

Utiliza tu imaginacion; se creative. El resto se resuelve por si mismo.

Mientras, ¡Pon todo lo que tienes en todo lo que haces!

 

 

Contenido del curso

  • Clase 1: Introducción

  • Clase 2: Control Mental, ¿es sinónimo de método Silva?

  • Clase 3. Estado Alfa y crecimiento interior

  • Clase 4: Programación Creativa de Objetivos

  • Clase 5: La rutina de tres pasos

  • Clase 6: Reducción eidética

  • Clase 7: Técnica de la reducción eidética

  • Clase 8: Cuadro de Situación

  • Clase 9: Mapa de visualización creativa

1

Introducción
Verdad y mentira del Control Mental


De aquí en más y para todos los efectos prácticos, cuando hable de "Control Mental" me referiré a la multitud de cursos, instructores y academias que han proliferado en los últimos cuarenta años como un interesante contubernio de autoayuda y espiritualidad, y no a lo que los servicios de inteligencia de distintos países conocen con dicho nombre, vale decir, desde las técnicas de condicionamiento psicológico hasta los experimentos electrónicos de manipulación de estados psicofisiológicos de las masas (como por ejemplo, el desdichado MK Ultra en Estados Unidos).

Hablaré y me referiré desde el popular "método Silva", cómo no, el "hágalo usted mismo" americano de la autosuperación, hasta el entrenamiento autógeno de Schultz, pasando por la "relajación dinámica" de Caycedo, el control Mental Oriental (mismo que forma parte de nuestro Profesorado en Parapsicología Aplicada), el "pensamiento positivo" de Coué y un largo etcétera.

Es decir, un conjunto más o menos sistematizado de ejercicios para lograr objetivos –de la índole que fuere–, alcanzar una adecuada relajación corporal y mental, combatir
negatividades y enfermedades.

Una publicidad, ora estratégica, ora sensacionalista, ha vendido al público la idea de que el Control Mental es un imbatible sistema para doblegar voluntades, violar el libre albedrío de terceros y, como Charles Atlas del mundo mental, transformar a ese alfeñique de 45 kilos y pocas luces en una combinación de Antonio Banderas y Henry Kissinger.

 

2

Control Mental, ¿es sinónimo de método Silva?

En líneas generales, cuando se habla de "Control Mental", se piensa en el método desarrollado por José Silva, ignorándose las distintas escuelas, con menos fortuna comercial, que han sido desarrolladas sobre esta temática.

Como cualquier mero interesado sabe, el método Silva consiste básicamente en una técnica de "programación" –palabra incorrecta si las hay para un sistema que reivindica su naturaleza "científica"– donde, elaborando imaginariamente un "taller" o "laboratorio", con el concurso de un par de "guías" y sobre una "pantalla mental", se visualizan los acontecimientos como se desea que sucedan en la vida de uno: obteniendo la graduación académica, al jefe otorgando el aumento de sueldo o viajando con los cabellos al viento en un deportivo, lo mismo da.

Se insiste en que si este ejercicio –por lo demás, burdamente explicado aquí, como diremos para disculparnos ante los numerosos conocedores en profundidad de este escuela– es repetido el suficiente número de veces, los acontecimientos, los sucesos de nuestro devenir se irán encolumnando en dirección al objetivo que hemos "programado".

Y muchos han sabido brindar testimonio de que así ha sucedido.
Pero pocos hablan de los riesgos de este sistema. Y sobre ellos abundaremos un poco.

Antes de continuar y sin ánimo de herir las susceptibilidades de algunos respetables lectores que pueden verse implicados en mis especulaciones, quisiera señalar como referencia obligada –pero no como argumento de desprestigio– que el sistema Silva ha sido y es (¿de qué otra manera podría serlo, proviniendo como proviene de la patria del "marketing"?) objeto de transacción comercial sometido a una rígida estructura piramidal.

Los cursos Silva, especialmente en los países latinos, han sido durante décadas cualquier cosa menos económicos, si bien el deslave financiero de nuestros países en los últimos años ha llevado a sus instructores y representantes a hacer bajar estrepitosamente los precios.

Pero durante muchos años, insisto, un seminario intensivo de CM Silva no bajaba de los trescientos dólares, apenas en un fin de semana, excesivo para cualquier obrero o empleado público raso tercermundista con derecho como el que más a acceder al conocimiento.

Esto, lamentablemente, "elitizó" desde mi punto de vista al sistema: sólo accesible para grupos con solvente poder adquisitivo, lo que debería haber estado al alcance de los más necesitados –precisamente por ello, sus legítimos destinatarios– terminó siendo una cucarda para grupos de "graduados" selectos, no siempre por su capacidad espiritual o intelectual, sino muchas veces por su capacidad económica, que no es lo mismo.

En mayor o menor medida, entiendo que el lícito y respetable dictado de cursos del método Silva persiste hoy, con lo cual espero las críticas que he de recibir –estimo que, a lo sumo, en un par de días– de muchos instructores.

En lo personal, me preguntaré –amén de leer sus argumentos si los anima sólo el afán de esclarecimiento "científico" o también la necesidad de encumbrar –o de evitar su defenestración– la respetabilidad de un método que es su "modus vivendi". Pero eso es discusión de otro contexto.

Lo cierto es que además del grosero error de confundir "Control Mental" con "Método Silva" (he perdido la cuenta de las veces que he escuchado decir, a doctos y profanos, que "todos los sistemas de Control Mental repiten más o menos lo mismo"), deben señalarse las siguientes falencias:

No se trataría de "programación", en un sentido estricto, sino de "visualización creativa". En efecto, la palabra "programación" suena casi mágicamente fascinante a los oídos de mucha gente (especialmente la que se encuentra alejada del mundo de las computadoras) y le da un componente socialmente digerible de, lo repito, cientificismo.

Pero "imaginar" un laboratorio, donde cómodamente sentados en un
imaginario sillón, acompañado de dos guías a los que convoco imaginariamente y viendo repetirse como escenas de una película en una pantalla –también imaginaria– los eventos que deseo que ocurran, esto es cualquier cosa menos "programar".

Si de tomar términos del mundo de la informática se trata, programar es básicamente reunir la mayor cantidad de información disponible, procesarla –asociarla– a
velocidades superlativas y concluir sin margen de error. Lo otro, está dicho, es simplemente "visualización creativa".

  • Pero más allá de esta crítica bizantina sobre la terminología, a los instructores de Silva se les ha escapado un hecho fundamental: que es significativo el porcentaje de seres humanos a los cuales les resulta sumamente dificultoso imaginar algo.

    Y como todo problema insuperable en la vida –que para resolverlo es por lo
    que se supone mucha gente se embarca en el Control Mental– lo es en tanto y en cuanto carezcamos de la capacidad de combinar las instancias conocidas de la situación en formas tan creativas posibles como sean necesarias para encontrar las soluciones.

    Y como eso es, después de todo, un esfuerzo de imaginación, a esas
    personas, decía, sugerirles que la resolución de sus problemas pasa por "imaginar" salas "imaginarias" donde sentados "imaginariamente" "imaginamos" una pantalla "imaginaria" donde etc., etc., etc., es tan contradictorio e inútil –y hasta ridículo como si, siendo yo médico y visitado por un paralítico, le dijera campechanamente que su problema se soluciona trotando unos diez kilómetros por día.

    En otras palabras, no podemos decirle a la gente que para solucionar sus problemas debe aplicar aquello de lo que precisamente carece.

    En consecuencia, como la "visualización creativa" es efectiva, las personas con gran capacidad imaginativa obtienen excelentes resultados, pero las otras, no. Aquellas que se retiran mustias del curso diciendo: "Lo que es a mí, ni un curso deControl Mental me ayuda...".

  • Pero el peligro está para quienes posean, en forma latente, perturbaciones psicopatológicas. Ustedes pensarán que ello es una excepción, pero se asombrarían de saber el alto número de individuos problematizados que existe, y con qué facilidad parecen sentirse atraídos por nuestras disciplinas.

    Hace unos años, un estudio del ministerio de Salud Pública de la República Argentina concluía que aproximadamente el 40 % de la población padecía algún tipo de perturbación psíquica, leve, media o grave (y los amigos del resto del mundo no sonrían con suficiencia: nunca negaré que los argentinos tenemos nuestras "particularidades", pero realmente me gustaría conocer estudios similares de sus países).

    Si estas son cifras oficiales, sin querer parecer cínico, sospecho que en la realidad el número debe ser superior. Así que, lógicamente, es posible que en todo curso de Control Mental cuanto menos el 40 % de sus integrantes también, por simple extrapolación, padezcan alguna problemática.

    Nada mejor entonces que ese caldo de cultivo para que técnicas mal dirigidas disparen esas problemáticas.

 

 3

Estado Alfa y crecimiento interior

Otra de las observaciones que podrían formularse a ciertos instructores de Control Mental –aquí, no achacables a los responsables de los distintos métodos– es la confusión que generan en sus estudiantes de proponer alcanzar un "estado Alfa" como non plus ultra del crecimiento interior.


Así que repasemos primero un poco éste y otros conceptos.

Nuestro cerebro produce habitualmente distintos tipos de frecuencias eléctricas, registrables en aparatos tales como el electroencefalógrafo. Atendamos al hecho de que estas "ondas" no son evidencia de la actividad mental, sino de actividad neurológica o, para ser más precisos, del comportamiento electroquímico del órgano que llamamos cerebro.

Son ellas: ondas Beta, ondas Alfa, ondas Theta (pron únciese "Tita" o "Zeta", que de ambas formas será correcto), ondas Delta, Husos y Complejos K. A los efectos de estas consideraciones, sólo nos interesaremos en las cuatro primeras.

Las ondas Beta se caracterizan, en el análisis electroencefalográfico, por presentarse con comportamientos de 13 a 22 c/seg (ciclos por segundo). Un "ciclo" es un período gráfico en la curva eléctrica, el que va desde un "pico" hasta el "valle" posterior a la curva siguiente.

Si esta gráfica aparece repetida de 13 a 22 veces en el período que la pantalla o el papel del aparato marca como un segundo, es cuando concluímos que la persona "está en Beta".

Es necesario hacer dos salvedades: una, que un sujeto nunca se encuentra exclusivamente emitiendo un tipo particular de onda cerebral: ese hipotético sujeto del ejemplo, por caso, "estará en Beta" porque el 70 % de su córtex (corteza cerebral) emite esa onda, pero simultáneamente habrá otras áreas (temporales, parietales u occipitales) que emitirán alguna otra. Estaríamos generalizando para simplificar.

En segundo lugar, si bien dije que la "onda no es el pensamiento", es obvio que determinada actividad mental es acompañada por determinada actividad cerebral.

Así, en Beta nos encontramos en un estado psicológico de vigilia y atención dispersa (la disposición a dirigir la atención a más de un estímulo exterior). En la mayor parte del día así estamos y, como ya veremos, es bueno que ello ocurra.

Luego, tenemos el estado Alfa. Con 8 a 13 c/seg, la actividad mental que le acompaña son los estados de meditación, abstracción y relajación psicofísica profunda.

Al estado Theta (4 a 7 c/seg.) le corresponden los estados de concentración y creatividad (cuando estamos tan ensimismados en un tema que ignoramos otros factores ajenos; o, para la segunda situación, cuando tenemos un "chispazo de inspiración", por ejemplo).

Y finalmente, cuando el cerebro emite ondas de menos de 4 c/seg –el estado Delta– es cuando estamos profundamente dormidos (las "ensoñaciones" serían entonces actividades Theta sobre un fondo de comportamiento Delta).

Pero volvamos al estado Alfa. Es innegable el beneficio del uso consciente del mismo: es la mejor fórmula contra el estrés, permite meditar con profundidad, desengancharnos de los problemas...

Pero de allí a entronizarlo como el logro máximo de nuestro autodesarrollo significa olvidar un elemento importante: su característica de beatitud, tranquilidad y paz no necesariamente significa que se solucionarán los problemas cotidianos.

¿Qué nos dicen los antiguos maestros yoguis?. "¡Cuídense de los "siddhis"!". "Siddhi" es el término que ellos empleaban para el fenómeno parapsicológico. No nos advertían de ellos porque fueran intrínsecamente malos; sino porque su fascinación podría apartarnos del camino cuyo objetivo final es la autorrealización.

De la misma manera, privilegiar en exceso el estado Alfa, puede llevarnos a que, al solazarnos en la paz del mismo, disimulemos el objetivo de trabajar para enmendar lo que debe ser corregido.

¿Y por qué?. Ya he señalado que uno de los beneficios inmediatos del estado Alfa es el estado de meditación. Analicen primero estas dos definiciones:

Concentración: inhibición en la percepción de todos los estímulos exteriores al sujeto, excepto uno.

Por ejemplo: si mientras están leyendo esta lección los distrae por momentos el sonido del teléfono, el batifondo en la cocina o el grito del gato del vecino al que le pisaron la cola, es porque están en el ya mencionado estado Beta de "atención dispersa", es decir, repartida entre múltiples estímulos exteriores.

Pero si están en Theta, la atención, capturada por esta lección, hace que desatiendan, es decir, quizás escuchen pero ignoren voluntariamente, el barullo en la cocina, el repiquetear del teléfono o el alarido del minino.

Meditación: Cuando inhibimos la percepción de todos los estímulos exteriores del sujeto, cuando la mente se "vuelve sobre sí misma", cuando permanecemos en lo que los japoneses han denominado admirablemente com el estado Ku: la mente vacía pero alerta.

En consecuencia, en tal estado se requiere una voluntad muy bien entrenada (¿están totalmente seguros que la tienen?) para dirigir el flujo de pensamientos a la observación desapasionada de nuestros objetivos o problemas.

Y el inconveniente está en que si creyendo estar en Alfa reflexionamos sobre nuestros problemas, pues entonces no estamos realmente en Alfa, ya que al ser el problema algo exterior al individuo, dirigir la atención sobre él es "inhibir la percepción de todos los estímulos exteriores excepto uno", y eso no es meditación, sino concentración.

Y, por el contrario, si realmente estamos en Alfa, pues el problema exterior pasará a ser intrascendente, despreciable, indiferente; lo que quizás no esté mal, pero que significa, necesariamente, que ninguna acción en contra del problema será tomada.

Porque las resoluciones y decisiones deben ser fruto de Theta; ya que son la concentración y la creatividad los elementos basales de la superación de
problemas y logros de objetivos.

Así que demos a las cosas su justo lugar: Alfa no es, de por sí, un estado mágico de optimización de la vida cotidiana; especialmente considerando lo que por "vida cotidiana" entendemos en Occidente.

Es, sí, un estado de "descarga", de reciclar nuestras energías, de aspirar a introspeccionar la naturaleza íntima de nuestra espiritualidad. O, como decimos en Control Mental Oriental, la etapa de "reducción eidética" de los problemas, pero necesario de etapas subsiguientes para su abordaje.

Escribí líneas arriba que incluso el tan maltratado estado Beta nos era sumamente útil, y la explicación es obvia: Si al salir a la calle estuviera en Alfa ("despegado" de todo estímulo exterior) o en Theta (concentrado en un estímulo de los centenares, visuales y auditivos, que me golpean apenas traspaso la puerta) con seguridad sería arrollado por el primer automóvil que pasara.

Así, la ley de economía y eficiencia de la naturaleza hace que todas las funciones (para este caso, neurocerebrales) tengan su razón de ser: de modo que nuestra estrategia en la vida cotidiana debe ser saber emplearlas del mejor modo posible.

Y el gran secreto de estas disciplinas pasa por resolver la siguiente situación: Queremos sentarnos a estudiar, tenemos el deseo de hacerlo. Pero algo ocurre.

No nos podemos concentrar; un simple insecto desvía nuestra atención, nuestros pensamientos van de aquí para allá. O queremos dormir, cansados, y el sueño se resiste a llegar.

O tenemos toda la voluntad de escribir unas líneas motivadoras a un amigo en problemas, pero nada brillante se nos ocurre. ¿Y por qué?.

Porque la mera intención de producir una específica actividad cerebral no obliga al cerebro a producir espontáneamente la frecuencia cerebral más idónea a esos fines.

Por caso, es obvio que para que mis horas de estudio tengan el máximo rendimiento necesito concentración y creatividad (para adecuadas asociaciones de ideas), pero el simple hecho de querer estudiar no obliga al cerebro a producir ondas Theta.

De allí que los pequeños fracasos diarios de muchos se originan en la incapacidad de conseguir el aporte del cerebro a la actividad intelectual que desean expresar en ese momento.

Y, por consiguiente, éste es el secreto de muchas escuelas de control Mental: conocer los ejercicios que no mejoran nuestra memoria, o capacidad de comprensión, sino que solamente producen ritmos Theta para que, por carácter transitivo, nos beneficiemos psíquicamente con el estado mental que le es asociado.

Pues si yo puedo obligar a mi cerebro a emitir el tipo de onda más conveniente para mis fines (de acuerdo, por ejemplo, a la vinculaciones que hemos expresado en párrafos anteriores) entonces, por añadidura, se desencadenarán las respuestas mentales necesarias.

 4

Programación Creativa de Objetivos

La necesidad de manejar a voluntad la producción específica de dos tipos de ondas cerebrales (Alfa y Theta) se convierte en una herramienta imprescindible a la hora de la Autodefensa Psíquica (y, por extensión, también a la hora de conquistar otros logros cotidianos) pero discerniendo claramente lo que puede esperarse de una y de otra.

Así, como dijimos, Alfa servirá para meditar –sobre lo que volveremos más adelante– para drenar de nuestro cuerpos y nuestra mente las consecuencias desagradables del estrés, para vaciar nuestra mente de contenidos que perturben la densificación del pensamiento.

Como ya hemos visto en la lección anterior, nuestro concepto de "programación" (queda claro que cuando escribo "nuestro", me estoy refiriendo a los instructores y practicantes del Control Mental Oriental, de ahora en más, el CMO) rompe lanzas con el difundido por el "método Silva" y compartido por muchos otros estilos de Control Mental, si bien es necesario aceptar que muchos de ellos son derivaciones, ora elaboradas, ora improvisadas, de "disidentes" del Silva.

La diferencia principal estriba, como vimos, en la forma en que este último entiende a la "programación" y los problemas que, en caso de un aprendizaje o aplicación deficiente, pueda ocasionar.

Es lógico entonces que el alumno se pregunte: en consecuencia, ¿cómo se "programa" en CMO?. Sobre ello me he de extender.

En primer lugar, debemos señalar que en CMO cuando nos preparamos para"programar" un objetivo (alcanzar un logro, solucionar un problema) lo hacemos a sabiendas de entender que el conjunto de pasos que describiré a continuación es simplemente una rutina para "densificar el pensamiento".

De hecho, podemos afirmar que un practicante consolidado puede llegar a un punto en el cual abandone el proceso de programación que aquí se ha de describir porque –si se retrotraen ustedes a otras lecciones donde hemos explicado el punto– ha alcanzado la condición de generar un "láser mental" con el cual disparar hacia la meta propuesta.

Pero, a fuerza de ser sinceros, debemos también decir que suele ocurrir –creo que por un exceso de autoconfianza, sobrevaloración o, en el peor de los casos, una soberbia alejada de los beneficios del mundo espiritual– algunos practicantes desprecian cumplir estos pasos previos, seguros de contar con la "fuerza mental" necesaria.

En consecuencia, los resultados suelen ser negativos. Lo mismo ocurre si en lugar de los tres pasos, por comodidad o apuro, el practicante aplica dos, o uno de ellos, cualesquiera que éstos fueren.

Como ya dijimos, nadie es buen observador de sí mismo, y se requiere una objetividad y equilibrio emocional particulares –producto necesario de un adecuado y constante practicar del conjunto de TODAS las técnicas de CMO– o la guía de un instructor consciente para discernir con justeza cuándo se está todavía de "este lado" del "láser mental" o cuándo se puede disponer libremente de él.

Todo este comentario apunta a señalar, cuanto menos al lector de estas líneas, que no confíe demasiado en su autoestima a la hora de discernir cuándo está listo para menospreciar los ejercicios programados como este y pasar a enfocar las
cosas con la mera voluntad; es preferible persistir en el trabajo de la ejercitación mental más tiempo del necesario que menos.

 

 5

 

La rutina de tres pasos

Habíamos hablado de una rutina, la cual consiste en tres pasos. Estos
son:

a) Reducción eidética
b) Cuadro de situación
c) Mapa de visualización creativa.

A continuación los describiré en detalle, adelantando la salvedad que el primer paso se cumple en estado Alfa, el segundo en estado Theta y el cuarto nuevamente en Alfa progresivamente tornándose en Beta.

Los dos primeros pasos implican una atención consciente, mientras que en el último, por razones que analizaremos en profundidad enseguida, la parte operativa queda en manos del Inconsciente.

Así, lo primero que salta a la vista es que este sistema de programación aúna lo consciente con lo inconsciente, transformándose así en un método holístico de actividad mental subordinada a la Voluntad.

Sabiendo cualquiera de nosotros el poder latente en el Inconsciente, es un hecho evidente que toda búsqueda de un objetivo donde ambos aspectos de nuestro psiquismo se hermanan debe depararnos resultados sumamente gratificantes.

En CMO solemos decir que uno de los males del hombre contemporáneo es el "divorcio" existente entre lo que conscientemente se propone y lo que inconscientemente se permite.

Muchos de nuestros "no logros" (no me agrada la palabra "fracaso") provienen del conflicto entre esos aspectos, un verdadero "acto fallido" en la prosecución de nuestros objetivos.

Digamos que podemos imaginarnos a un enano muy inteligente sentado a caballito sobre un gigante idiota. Mientras el gigante acepte obedecer al enano, éste indicará el camino a seguir.

Pero sólo bastará que el gigante subnormal se empecine en desobedecer, que no alcanzarán todos los argumentos y berrinches que el enano inteligente pueda proferir para obligarle a alterar su rumbo.

El enano inteligente es nuestro consciente; el gigante bobo, nuestro inconsciente. El primero tiene la estructura lógica, planifica y justifica, pero el segundo es pura energía y fuerza bruta.

Y estoy convencido de que cuando a lo largo de la vida mucha gente decide ser bombero y termina siendo marinero, cuando queremos ir "para allá" y terminamos conformándonos con dirigirnos hacia "acullá", las causas no están tanto en lo exterior (no digo que los factores externos no molesten, sino como condicionantes) sino en el conflicto interior ya apuntado.

Toda actividad, en consecuencia, que unifique consciente e inconsciente reducirá drásticamente la probabilidad de errores.

 

 6

 

Reducción eidética

Pasemos a analizar los tres pasos comentados:

Reducción eidética

Uno de los equívocos generalizados de la gente es atacar directamente el problema en busca de la solución, sin preguntarse si lo que creen que es el problema, lo es realmente.

O, dicho de otro modo, cuestionarse si nuestra perspectiva de la situación es hasta ahí la correcta. ¿Recuerdan aquel viejo axioma de la lógica que aprendimos en el colegio, que decía que "si partimos de prejuicios (pre-juicios, o sea, preconceptos) equivocados, aunque todo el razonamiento que hagamos sea correcto el resultado final necesariamente es falso"?.

Bien, algo de esto aplicaríamos aquí: si ataco un problema que no es el problema, si no desguazo las causas primeras de mis obstáculos, aunque acumule técnica sobre técnica sobre técnica de control Mental el resultado final será un mero parche sobre la situación.

De lo que estoy hablando es que, comúnmente, tomamos como origen del problema lo que es reflejo del problema original.

Mediten sobre esto, y permítanme ilustrarles con un ejemplo.

Hace muchos años ya, era yo profesor asociado de un instituto de Control Mental de la ciudad de Buenos Aires. La exigencia de la Dirección –atinada, por cierto– era que los instructores mantuviéramos entrevistas personales con los futuros alumnos para agruparlos en equipos de intereses y perfiles similares.

Bien; cierta tarde entrevistaba yo a una simpática señora, que me refería que ella había realizado distintos cursos de Control Mental, los cuales le habían sido sumamente útiles y motivadores, pero que al Gran Problema de su vida no había podido con CM, hasta ahora, corregirlo (les aseguro que en la pronunciación se le notaban las mayúsculas).

Como siempre afirmo que prácticamente no hay problema que adecuadamente enfocado con el CM no pueda ser solucionado, le pedí que me explicara cuál era ese "gran" problema. Y me respondió que se trataba de su necesidad de ganar, pronto, mucho dinero.

Creo que me sonreí irónicamente, e hice algún comentario en el sentido que, si de eso se trataba, era el gran problema de treinta y cinco millones de argentinos. "Pero, en fin, señora, vamos al origen de la situación: ¿Para qué necesita usted ganar pronto mucho dinero?".

Y me contó una historia compleja. Tenía desde hacía mucho tiempo a su mamá muy enferma, y en un plazo de, digamos unos dos meses, tenía que someterla a una difícil pero planificada intervención quirúrgica. Si pasaba con bien la operación, tras el alta –y dado el estado psicológico de la mamá– tendría que internarla en un residencial geriátrico.

Como todos sabemos, los residenciales geriátricos –los buenos residenciales geriátricos– son cualquier cosa menos económicos, y su necesidad de ganar mucho dinero era para poder pagarle a la madre una buena internación. Pero no había caso.

Usaba el CM para programar a su jefe para que le diera un aumento de sueldo, buscaba resistir el estrés de toda hora extra posible que pudiera trabajar, pero aun así no alcanzaba las cotas que se había propuesto.

Y venía, como último manotón de ahogado, a conocer nuestro curso de CM a ver si le daba la solución que no había encontrado hasta entonces.

Le propongo entonces que empezáramos a explorar alternativas a su situación, como
llevar a la madre a vivir con ella durante un tiempo (hasta que pudiera acumular el dinero que necesitaba) pero me respondió que no, que la mamá con el marido (de mi futura alumna, se entiende) se llevaban muy mal, que ella a esta altura de su vida quería aunque sea un poco de paz y tranquilidad anímica, que ya demasiado había hecho... y entoces, se me ocurrió meter el dedo en el ventilador, preguntándole:

"Señora; ¿qué pasaría si su mamá se muriera?. ¿Si no pasara con bien la operación?". Y mi interlocutora dio un salto en su asiento y me respondió: "¡¿Eso?!. ¡Sería la solución de mi problema!".

El verdadero problema de esta mujer no era su necesidad de ganar más dinero. El problema era la pésima relación que mantenía con la mamá.

Pero, como tantos, tomaba por origen del problema lo que era reflejo del problema original. Y fue trabajando sobre ello que se solucionó lo otro.

Así que el primer paso deberá ser repensar, rever (ver de nuevo) nuestro problema, nuestro objetivo. ¿Es realmente ese el problema que me aqueja?. ¿Es realmente ese el objetivo que deseo o me fue "impuesto" por el entorno o terceros?

La Reducción Eidética es también útil para desapegarnos afectivamente de los problemas, lo que no significa ser frío e indiferente, sino mantener una sana distancia emocional entre el problema en sí y mi persona.

Los que me conocen personalmente, saben que suelo tener, mitad en broma y mitad en serio, la costumbre de, cuando alguien irrumpe al grito de: "¡Tenemos un problema!", mi respuesta invariablemente es: "No. Vos tendrás un problema. Y se irá con vos".

Insisto: no significa cruzarse de brazos frente a las adversidades, no es una actitud más propia del Tao Te Ching de, simplemente, dejar fluir las cosas. Yo también salgo a enfrentar molinos de viento todos los días (no olviden: soy argentino, así que las dificultades son parte del "modus vivendi" de mi bendita tierra).

De lo que estoy hablando es de no enredarme emocionalmente, no sufrir los problemas. Ocuparme, en vez de pre-ocuparme. Orientar todas mis energías en la acción, no en los resultados.

Ganar o perder no es más importante que el flujo y el reflujo de una ola sobre la playa. Inexorablemente, los ganadores de hoy pueden ser los perdedores de mañana, y viceversa.

Sólo importa saber estar flotando, como un corcho, por sobre la marea, y acompañar armoniosamente los movimientos, los vaivenes de la vida. No somos dueños hoy, ni por ello responsables realmente, del futuro, porque aún no ha sido.

No somos dueños hoy, ni por ello responsables, del pasado, porque ya ha sido. Dado que no somos dueños de lo que pasó, porque ya fue, ni de lo que pasará, porque aún no ocurre, dado que de lo único que somos responsables es de lo que es, y ese es el presente, y dado que el presente es acción, entonces actúa, y quédate en paz.

 

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Técnica de la reducción eidética

¿En qué consistirá entonces la reducción eidética?. Extraída esta expresión del terreno de la Filosofía, llámase Reducción Eidética al proceso (intelectual) por el cual se le quita a un ente (objeto o pensamiento) todo lo que es superfluo, anecdótico, periférico al mismo hasta llegar a la menor expresión sin que pierda la esencia de tal.

Pondremos un ejemplo. Supongamos que yo quisiera hacer una "reducción eidética" de un ventilador de pie. Como dijimos que aquélla consiste en eliminar todo lo accesorio sin que se pierda su esencia de, en este caso, "ventilador de pie", significa que conceptualmente podremos quitar dos de las tres aspas, el cabezal de protección, la mayoría del cable –dejando un trozo–, el enchufe o toma, la cubierta del motor y uno de los tramos del apoyo.

Y nada más. Porque si quito todas las aspas, tendré un motor que hace girar un rotor pero no echa aire, que es la función esencial del ventilador. Si retiro una pieza del motor, no funcionará, y lo mismo si quito todo el cable (pues no tendrá cómo
alimentarse de electricidad).

Y si retiro todo el caño de apoyo, seguiré teniendo un ventilador, sí, pero ya no de pie. La Reducción Eidética del ente "ventilador de pie" es entonces, un aspa, el motor, un trocito de cable y un tramo del sostén.

Bien, ahora se tratará de aplicar el mismo principio a, por ejemplo, el problema cuya solución no podemos encontrar quitando, como al electrodoméstico señalado, todo aquello que no afecte a la naturaleza esencial del mismo.

Por ejemplo: pensemos en algún problema que tengamos en este momento, quizás laboral, económico, etc. Meditemos sobre lo siguiente: ¿Qué es lo que nos duele, lo que nos genera ansiedad y perturba del mismo?.

¿El problema en sí?. ¿O las consecuencias emocionales de aquél? (qué
pensará Fulanito de mí, con qué cara le diré a Menganito que no puedo pagarle...).

Piensen simplemente en cómo se sentían un día antes que les explotara un problema anunciado, y compárenlo con cómo se sentían un día después.

Y la conclusión es obvia: ¿por qué, respecto del problema, no puedo sentirme "antes" como sé que me sentiré "después"?. Porque es esa ansiedad, esa angustia, esa melaza pegajosa que es la emocionalidad adherida al problema, es ese apego emocional lo que enturbia la visión, lo que reduce nuestros recursos para solucionarlo.

Por lo tanto, el primer paso antes de encarar la solución de un problema es aprender a desapegarse afectivamente del mismo.

¿Recuerdan?: "muchas veces tomamos por origen del problema lo que es reflejo del problema original".

Reflexionen, verbigracia, sobre algún conflicto o discusión que hayan tenido con alguien. Lo único cierto cuando discutimos es que, como buenos occidentales que somos, nuestras discusiones, en vez de ser un sensato intercambio de opiniones, son dos monólogos simultáneos donde cada uno levanta la voz para distanciarse totalmente convencido de que yo tengo la razón y el equivocado es el otro... que piensa, seguramente, de la misma manera.

Pero lo cierto es que esa discusión consiste en un diálogo donde, en algún momento, nuestros caminos se bifurcaron. ¿Pero qué es lo que realmente nos molesta?.

¿El desacuerdo en sí?. ¿O el portazo con que el otro se fue, la palabra procaz, la descalificación emocional?.

Es por ello que el primer paso en la solución de un problema consiste, no en atacar el tema buscando una solución –todavía no– sino en sentarse para efectuar sobre él una Reducción Eidética. Qué pertenece esencialmente al problema y qué le es ajeno.

¿Mi ansiedad por cambiar el automóvil se debe a que yo realmente es lo que quiero o es lo que mi entorno me influye a conseguir?. ¿Temo fracasar en este nuevo emprendimiento porque sospecho que tiene puntos débiles o ese temor sólo está en mi inseguridad?.

Claro que, si ustedes repiensan el problema como siempre, seguramente no sólo seguirán viéndolo de la misma manera sino que, muy posiblemente, se sentirán más angustiados todavía al hacerlo.

Y ello será así, si solamente lo enfocamos mentalmente en el estado cerebral habitual, esto es, en Beta. Beta que, como recordarán, corresponde al estado cerebral que acompaña a los estados mentales de atención dispersa, de conexión con múltiples estímulos exteriores.

Pero si, practicando la –en Control Mental Oriental– Relajación Psicofísica Progresiva Profunda u otro método afín ingreso en Alfa (estado cerebral que, dijimos, acompaña a la abstracción y la meditación, es decir, la inhibición en la percepción de estímulos exteriores) y en Alfa simplemente observo otra vez el problema (disculpen mi insistencia: no trato de buscarle una solución; todavía no. Simplemente lo pienso otra vez ) entonces distinguiré claramente lo que le es esencial y lo que le es ajeno.

Y como el apego emocional es ajeno, es decir, exterior al problema, el estado de abstracción de Alfa me permitirá distinguir claramente la diferencia. La diferencia entre el ventilador de pie tal cual lo veo ahora y luego de reducirlo eidéticamente.

Sirven para lo mismo y son (esencialmente) lo mismo pero... ¡qué diferentes parecen a la vista!. La misma diferencia entre un problema atacado en crudo estado Beta y previamente reflexionado en Alfa.

Así que he cumplido el primer, imprescindible paso. Porque mucha gente, al grito de:"¡Si yo ya sé cuál es mi problema, para qué voy a determe otra vez en pensarlo! ¡sólo necesito la solución ya!", comete el error fundamental: atacar un problema que no es realmente tal, no por lo menos con el mismo aspecto y dimensión.

Tomar por origen del problema lo que es reflejo del problema original.

 

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Cuadro de Situación

Supongamos entonces que hemos realizado la Reducción Eidética de nuestro problema, lo hemos redefinido y redimensionado. ¿Vamos a buscarle de programar una solución con el Control Mental Oriental?.

Tranquilos; todavía no. Necesitamos cumplir antes otro requisito: el Cuadro de situación.

Llamamos "Cuadro de Situación" a efectuar dos listados (sí, en una hoja de papel y con bolígrafo, si prefieren), uno, "A", de los elementos con que contamos a nuestro favor.

Otro ("B"), con los elementos de que carecemos o que juegan en nuestra contra.
Supongamos que el objetivo que quiero programar es irme pronto de vacaciones a
México.

Ante toda dificultad a superar, siempre tenemos variables a favor y en contra:
cuento con determinada suma de dinero pero me falta otra, sé cuándo deseo hacerlo pero no sé si conseguiré ordenar mis compromisos para disponer de esas fechas, ignoro si podré obtener la financiación que puedo enfrentar, etc.

De manera tal que en la Lista A iré anotando lo que tengo: X pesos, la fecha elegida, la empresa de turismo con la que me agradaría contratar el servicio...

En la Lista B, aquello de lo que carezco: que acepten la financiación que puedo aportar, el acuerdo firmado, la garantía de un allegado...

¡Esperen!. ¡Ya sé!. ¡Ya sé!. Varios amigos de la lista en este momento, con un gesto
irónico, estarán pensando algo así como: "¿pero qué viene Gustavo a decirme de hacer un par de listados si yo ya sé perfectamente qué tengo y qué me falta para resolver mi problema?".

Lo que ocurre es que, en el fárrago de la vida cotidiana, lo que sabemos que tenemos y lo que intuimos que nos falta es la mezcolanza de un "popurrí" donde a la seguridad que puedo contar con tal dinero se superpone la incertidumbre si cobraré esos dinerillos que mi pariente me debe, y debería avisarle a Carlitos si me firma la garantía, claro que debo fijarme que mi trabajo esté terminado o delegado antes de la fecha que elegí, pero podría contar con Clarita que me dijo que cualquier cosa que necesitara le hablara, pero anda con problemas con la suegra entonces...

De resultas de este barullo, a veces cosas con las que contábamos con seguridad se transformaron en "imponderables" que se cayeron a último momento.

Así que deberemos hacer esos listados, pero en un estado mental que nos permita observar atentamente lo uno y lo otro, donde discernimos con claridad qué corresponde a "A" y qué a "B", en fin, donde nuestra concentración y creatividad nos permita volcar absolutamente todos los elementos en ambas categorías: y ese es el estado Theta.

Porque cuando el cerebro emite ondas Theta, nuestra mente se encuentra en profunda concentración y tiene destellos de creatividad, diríamos casi de inspiración. No confundidos con nada periférico, observaremos con claridad lo que es y lo que no es, lo que juega a favor y en contra.

Y luego de aplicar la técnica correspondiente (en Control Mental Oriental usamos una técnica que combina respiración "Idá y Pingalá" –muy conocida por los practicantes de Yoga– con un balanceo rítmico del cuerpo, pero cualquier técnica afín de toda escuela de Control Mental igualmente sirve) tomaremos el bolígrafo y haremos los listados correspondientes.

En Theta, no sólo discriminaremos claramente lo que corresponde a una categoría y a otra, sino también veremos claramente aquellas que puedan ser susceptibles de error posterior.

 

9

Mapa de visualización creativa

Hemos llegado ahora a la instancia en que deberemos valernos de la energía latente en el Inconsciente para que ésta concurra en propulsar nuestra voluntad hacia el objetivo.

Una etapa que, trabajando sobre las dos anteriores, integre toda la información en un todo armónico. Armónico entre lo que conscientemente deseamos y lo que inconscientemente nos permitimos. Ese es el Mapa de Visualización Creativa.

Les propongo que lo enfoquemos de la siguiente manera: primero, les describiré el método. Luego –como sin duda resultará extraño y hasta cómico a más de uno– les explicaré el fundamento del mismo.

Para ello, deberán tomar un gran trozo de papel rectangular, una cartulina o papel afiche, y trazar, con fibra negra, una gran espiral en él. Esta espiral debe ser dextrógira (en el sentido de las agujas del reloj) y convergente (comenzar desde afuera y finalizar en el centro).

Al tope de la misma, escribiré el objetivo, por caso, mi deseado viaje a México en, digamos, marzo del 2007, pero expresado en tiempo verbal pasado (para reforzar la idea de la "cosa cumplida"). Entonces, escribiré: "Viajé a México en marzo del 2002".

Procederé entonces a contar la cantidad de elementos del listado "A" (sólo a título del ejemplo: supongamos que fueran siete) y sumarlos a la cantidad de elementos del listado "B" (siempre como ejemplo, digamos nueve).

Ese total de dieciséis elementos, los representaré sobre la espiral de la siguiente manera:

divido el recorrido de la espiral en 16 secciones iguales y equidistantes.

luego, dibujo con lápiz 16 cuadraditos (que, de aquí en más, denominaré "estaciones").

Consigo luego un buen número de revistas y periódicos, y comienzo a buscar ilustraciones o gráficos que representen (simbolicen) ora los elementos de la lista A, ora los de la lista B, o bien yo mismo los diseñaré:

Por caso, al dinero que sí tengo lo representaré con un billete real (de la más baja denominación posible, ya verán por qué) al lado del cual irá el número que signifique la cantidad de esos billetes que conforman el total de dinero de que dispongo, y otro tanto para lo que me falta; a la empresa que he elegido para viajar, mediante un aviso comercial de la compañía; al acuerdo o aceptación de mis posibilidades que aún no he planteado, una foto o dibujo de dos personas estrechándose las manos por sobre un escritorio o en una oficina; las fechas elegidas, por un trozo de página calendario donde haya orlado los días correspondientes, etc.

Además, debo pegar una foto mía en el comienzo de la espiral (en el extremo exterior) y una del destino elegido (una postal turística de México) en el centro de la espiral, con otra foto mía pegada superpuesta a ésta.

Continúo pegando las ilustraciones en las "estaciones" según el orden natural o deseado de sucesión de acontecimientos como es esperable que se produzcan de aquí al día del viaje.

Esto significa que, ni debo intercalar una a una las ilustraciones, ni pegar primero todas las que juegan a favor y luego las que me faltan conseguir, sigo según entienda yo que vaya precisándolas o necesitándolas.

Para el ejemplo de marras: quizás la entrega del dinero que sí tengo deba hacerlo sólo un par de días antes de viajar, así que a esa altura de la espiral, en la "estación" correspondiente, pegaré el billete con el número que lo multiplique correspondiente, pero es ahora, luego de haber elegido la empresa turística –cuya ilustración será de las primeras– que logré conseguir el concordato de financiación deseado (por lo que la ilustración correspondiente vendrá inmediatamente después).

Finalmente, con tinta azul recuadro las "estaciones" de los elementos que ya tengo, y con rojo, las que representan lo que me falta conseguir.

Y ahora pasamos a implementar este mapa. Deberé sujetarlo en un lugar de mi dormitorio, donde sea lo último que vea antes de dormirme, y lo primero al despertar.

Si no se quiere afear la estética del lugar, puedo ponerlo, por ejemplo, en la cara interna de un armario, "ropero" o placard, que dejaré abierto al acostarme.

Así, mientras el sueño me invade en la penumbra, pasearé la vista, sin detenerme, siguiendo el recorrido de esa espiral en sentido dextrógiro, tres o cuatro veces. Al despertar, somnoliento, haré lo mismo.


Y desde el hoy hasta el momento de completar mi objetivo, cada vez que alcance en el tiempo una de las estaciones, la cruzaré con una visible "X" en azul.

Luego de materializada en la realidad mi propuesta, procederé a quemar, con todos sus símbolos, el mapa. Esta es la razón por la que usaré billetes de baja enominación: ninguna gracia me causaría arrojar al fuego un billete muy valioso.

Si parece infantil el sistema, tiene, sin embargo, una lógica explicación: si yo escribiera simplemente frases, como "obtendré la financiación deseada" o "conseguiré la licencia para esos días", estas palabras, estas frases con sentido sólo tendrían significado para mi consciente; mi inconsciente es analógico, simbólico, absurdo.

Se expresa mediante símbolos, es decir, figuras representativas de un sentido que trasciende a la ilustración. Es el simbolismo de los sueños, verdaderos mensajes del inconsciente al consciente, pero en un lenguaje metafórico.

Por lo tanto, si debo "ordenarle", decirle algo, debo hacerlo en la lengua que entiende, que es la lengua de los símbolos y de las imágenes. y por ello es que empleo esas ilustraciones.

Así, establezco una conexión entre lo consciente y lo inconsciente, sumando, al objetivo lógico, toda la energía, la fuerza de lo más profundo de mi ser.

¿Y por qué he de quemar el mapa al finalizar y no, simplemente, lo estrujo y lo arrojo al cesto de residuos?. Porque si no le indico claramente al inconsciente que he logrado mi propósito, que he alcanzado mi objetivo, corro el riesgo que éste –que, recordemos, en su irracionalidad demora mucho en incorporar las vivencias de la vida cotidiana, lo que queda demostrado por el hecho de que ciertos episodios importantes del devenir diario son "soñados" (es decir, elaborados) a veces días, semanas o meses después de haber ocurrido– siga "enganchado" con la programación, desviando y quitando energía a nuevas metas.

La destrucción por el fuego, en cambio, tiene un claro, genético e inconsciente significado de "liberación" –visible en todas las religiones, desde la quema del sacrificio hasta el encendido de una vela– asimilable como tal (en su sentido final) por el inconsciente.

Incidentalmente, es importante señalar que puedo realizar hasta dos programaciones simultáneamente (una a corto plazo y otra remota en el tiempo). Al implementarlas, observaré primero el mapa más lejano y luego el más próximo –al dormirme y a la inversa al despertar.